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Mostrando entradas de agosto, 2016

La isla rara del nunca jamás

Paraguay es un mito. El relato del país es un absurdo permanente. Por eso hay una baja autoestima social generalizada. Todos esos chauvinismos patrioticos no valen. Hay un buen presidente (Lugo) y se le descabeza. Hay un presidente malo (todos) y se les pide la renuncia. No hay presidente que valga. Gallup, escandalosamente, dice que Paraguay es el mas feliz del planeta por cuatro años consecutivos. El país, pese a Internet, sigue siendo una isla. La isla rara del nunca jamás.

Donde está el hombre de los dos remolques ?

Ultimamente estoy llevando solo un remolque, no dos como estaba acostumbrado a hacerlo. Echo de menos estirar dos remolques como lo venía haciendo todos los días, pero las dificultades que se presenta con los peatones en las veredas y las estrictas medidas de seguridad establecidas por las autoridades españolas en relación con la amenaza terrorista, casi me ha forzado a dejar el segundo remolque a casa.  Otra razón adicional es la de evitar que los parroquianos se sientan nerviosos en las terrazas ante la repentina presencia de alguien caminando alrrededor de las mesas, junto a su bicicleta, estirando no uno sino dos remolques. Efectivamente, lo que hago es caminar de terraza en terraza, vendiendo mis llaveros que entrego a la gente junto con un poema. Cuando decido quedarme en un sitio, me inclino y activo las dos patitas de mi remolque y asi es como fijo estacionado la bicicleta. Es una acción que es seguida con especial escrutinio de parte de los demás. Pues hete aqui, Alexandre d…

Sobreviviente

Me han dicho que he nacido en una especie de Centro de Salud localizado en un edificio colonial llamado "La Acera", en el sureño pueblo de Santa Rosa, en la provincia de Misiones, en Paraguay. Fue en la madrugada del 28 de Marzo de 1964. Vivíamos casi en los límites del perímetro urbano en un terreno fiscal que mi padre, quien fue un oficial de la Policia, ha rentabilizado provechosamente durante años. Así eran las cosas en aquellos años cuando y donde la epidemia de la Dictadura expandía la cultura de la corrupción, el clientelismo político y el nepotismo por todas partes. 
Había otro terreno público al lado de nuestra casa, que también se aprovechaba para cultivar mandiocas. Yo era el último de seis hermanos y hermanas de una disfuncional y frecuentemente violenta familia que viviamos en una amplia casa, rodeado de una gran patio poblado de plantas y flores que admirar. Al costado, se alzaba un gallinero y una porqueriza y, atras, una parcela de naranjos, limones y guayabos…